9.03.2013

Domingos menguantes (I)

He escuchado tanto tiempo el silencio
Que cualquier ruido me altera.
Menos tu respiración,
Que al final resulta más
Silencio.

No entiendo cómo la gente
Sigue caminando
Si los caminos mueren despoblados.
Y ya sólo me queda tirar
Campo a través
A ver si allí encuentro algo
Por lo que merezca
La pena
No morir
O al menos,
Parecer vivo.

Nunca me ha gustado expresar lo que siento,
Por eso lo hago
Por no reventar-
Te las noches
A pura explosión.

Me he cansado tantas veces de decirte que te quiero
Que a veces lo digo por el mero mecanismo
Del que necesita sentir algo
Más allá de esta soledad,
Que a veces me mata
Y otras me acuna
Pero siempre
Con mala
Cara.

Y
Entiendo
Que lo tuyo no
Es amor, porque siempre
Acabas diciéndome lo mismo una
Y otra vez, cuando yo sólo quiero que
Con un beso me dejes dormido en la cara visible de la Luna
Y que calles esas voces que a mi alrededor me gritan y no me dejan hablar

Ni sentir.
Nada.

Porque no hay nada
Más allá de tu ombligo.
Que me incita a bañarme en él
Como si yo cupiera
Y tú me dejaras.

La persiana sigue bajada
Esperando que tú la subas
Para que entre un poco de luz
Y se airee este cuartucho
Que aún conserva tu aroma
A sudor frío,
A nervios calientes,
A mariposas en la garganta,
A nudos en el estómago.
Y a millones de oscuras proposiciones
Que jamás te atreviste a callar.

Porque eras valiente
Y tu cobardía era tu arma,
Blandida en pos de la resurrección.
Que es esta vida,
Y no la pasada.
Porque me he cansado de pisar cosas
Que no son tuyas ni mías
Ni de nadie.

Y acabo poesías que jamás leerás
Porque nunca te han importado
Los sentimientos
De un chico que aspiró a ser poeta
Y se quedó en mera persona
Absurda
Hiperbólica
Y en pocas ocasiones metafórica.

Y ¿Quién quiere a un poeta que sólo sabe hacer poesía con las palabras?